Villalba de Lugo

(Marino Gómez-Santos, TRIBUNA MÉDICA, 13-1-1978)

Durante algunos siglos la ruinosa torre de los Andrade ofreció en la panoramica de esta villa el aspecto de una estampa romántica. En torno a ella discurrió la vida villalbesa, ajena al protagonismo que el baluarte había tenido en la antigüedad. Sólo algunos eruditos alcanzaban a suponer, más por tradiciones que por documentos, el origen de la fortaleza que ya existía en el siglo XI, a juzgar por una inscripción del año 1017. Otros la datan en el siglo XIII, construída por un tal Rodrigo Sánchez, del que apenas se sabe nada.

Más modernas investigaciones  dan por cierto que en el siglo XII la villa se incluye en  el señorío de Don Fernando Ruiz de Castro, señor de Lemos y posteriormente el castillo es donado al infante don Felipe por el rey don Sancho IV el Bravo y por su esposa doña María de Molina, al mismo tiempo que las tierras de Montenegro. No obstante, el feudo de la fortaleza continuaba en poder del señor de Lemos.

Diócesis de Mondoñedo, capital comercial de la Tierra Llana, la villa figura en documentos medievales como “Villa Alba” o “Villa Álvaro”, denominándose también por largo tiempo Santa María de Montenegro, y a partir del siglo XIV, Villalba de Montenegro.

Una crónica de Fernando IV, en el año 1304, alude a la villa fortificada que pasó a pertenecer al dominio de los Andrade, por donación real, a don Fernán Pérez de Andrade, “O Boo” (el Bueno), el cual mandó poner bajo las almenas que sostienen fuertes modillones, el blasón de los Andrade: un jabalí céltico tallado en dura piedra.

Bajo este señorío la villa disfruta de prosperidad y bonanza. Cesan las luchas y se acrecienta el bienestar material, llegándose a disfrutar del privilegio de acuñar monedas de cuero. En su afan fundacional, Pérez de Andrade funda siete hospitales, siete monasterios y siete puentes en la comarca villalbesa.

Refiere la tradición que este período de realizaciones alcanzó hasta la muerte de don Fernán, a quién se recordaría como hombre bueno, en contraposición con su hijo don Nuño Freyre y Andrade, que le sucedió en mala hora, despertando discordias que motivaron la sublevación de la villa y la ruína del castillo.

Ya en tiempos de los Reyes Católicos, esta familia participa en la política nacional y a don Diego de Andrade se le concede el título de Conde de Andrade. El segundo conde, don Fernando, participa en la batalla de Seminara, cuando a la muerte de don Luis Portocarrero, señor de palma, recibe el mando en Reggio. Aumenta sus efectivos y entra en fuego con 4.000 infantes elegidos de los tercios y 800 jinetes, consiguiendo rendir al enemigo en Antigola. De esta manera quedan los españoles dueños de Calabria y el Gran Capitán de todo el reino napolitano. Por esta acción recibiría don Fernando de Andrade el título de Conde de Villalba. Enlaces matrimoniales posteriores entroncan a los Andrade con la Casa de Lemos, a quien pertenece el castillo de Villalba hasta el siglo XIX. Cuando los señoríos fueron abolidos por las Cortes de Cadiz en virtud del decreto del 6 de agosto de 1811, que incorporá a la nación todos los señoríos jurisdiccionales, el condado de Villalba quedó incorporado a la Casa de Alba.

Esta fortaleza medieval se levanta en el centro de la villa, en el núcleo máis antiguo, ciñendo la plaza de Santa María, donde tradicionalmente se celebra el mercado, famoso en la comarca y fuera de ella.

Aquí hallará el viajero los zuecos gallegos de madera de álamo y los renombrados quesos de San Simón, elaborados de forma cónica. Pero el renombre del mercado de Villalba no se debe a ninguno de estos dos artículos, sino a la gran feria de los capones que se celebra el 19 de diciembgre, precisamente a la sombra de la torre de los Andrade. ((en la actualidad, el 21, y no en dicho lugar)).

 Compradores madrileños, barceloneses, valencianos y de otros distantes puntos de la geografía nacional llegan ese día a Villalba para realizar sus transacciones.

¿Que particularidad presentan los capones de la comarca villalbesa para ser codiciados a escala nacional?. Doctores tiene la materia y ninguno de mayor autoridad que Alvaro Cunqueiro, quien nos revela el secreto: “Criados en parroquias vecinas y en otras de la Terrachá y de la sierra de la Corda, cebados con harina de centeno o de maiz y migado de castañas, adormecidos en las “capoeiras” de mimbre de las cocinas aldeanas con una copita de vino dulce, muertos en las vísperas de la feria y desplumados, los capones de dorado color llenan la plaza de Santa María por cientos de pares, exhibidos en cestas, sobre blancos manteles”.

Tiene la torre de los Andrade una altura de cuarenta metros, desde donde se divisa toda la comarca, que es bellísima por la variedad de su paisaje matizado en verdes húmedos y con una gran riqueza forestal y fluvial.

Rescatada de su abandono la fortaleza, se construyó en ella un parador nacional de turismo que lleva el nombre de “Condes de Villalba”. Para ello se derribaron pequeñas edificaciones adosadas a la misma, tratando de que no restase valor a la torre. La entrada principal se realiza mediante un puente levadizo que le da la imagen medieval que tuvo en otro tiempo.

FERIA 2010

  • PC190704.jpg - Por: carlos