El capón en la historia

Puede parecernos moderno manjar, pero ya los gourmets romanos convertían los gallos en capones.

En la corte de Nápoles se comía capón, y vínculo tiene con el poder cuando Sancho lo menciona como menú de Gobernador: “Y así, me sustentaré Sancho a secas, con pan y cebolla, como gobernador con perdices y capones”.

Con él (moneda, al fin) los antepasados pagaban contribuciones. Cuenta Mato Vizoso que los vecinos de San Martiño de Fraga en Cabreiros tenían que pagar al Monasterio de Lorenzana la cuarta parte de los frutos que recogían, y por Navidad cuatro capones cebados cada uno.

Cada vecino del Coto de Cospeito tenía que pagar a María de Bolaño, por Navidad, seis capones cebados. Mismo después de la ejecución de Pardo de Cela, los conjurados quedaron con la obligación de pagar a la familia un par de capones de renta.

“Capón de ocho meses, comida de reyes”, dice el refrán. Y precisamente ocho meses tienen los capones que se venden en la Feria de Villalba. Y su sabor, ese que todos buscamos, algo especial tendrá cuando el Arcipreste de Hita habla de él en el Libro del Buen Amor.

Al capón lo respalda la historia, la gastronomía, la literatura... Y en la actualidad la economía, la sociedad y el pueblo de Villalba. En busca del sabor tiene, tenemos, ganada la batalla.

FERIA 2010

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