Cartas de dos parlamentarios sobre la capa de los capones

(El Progreso, 20-12-1984 y La Región, 23-12-1984)

Adolfo de Abel Vilela

A veces, los servicios particulares de “inteligencia”, que también los hay en nuestro país, interceptan correspondencia que, si bien no suponen un peligro para la seguridad, si pueden hacer variar las costumbres que a lo largo de los siglos se vinieron transmitiendo de padres a hijos sin cambios sustanciales.

Un buen día en que en el Parlamento de Galicia, a santo non sé de que, salió a relucir el problema que suponía para muchos labradores la deficiente cosecha de patatas, producto fundamental en nuestra economía agraria, a base del menú casero, el portavoz suplente del grupo de Alianza Popular, José Carlos Rodríguez, dándose cuenta de que si las patatas son importantes no lo son menos los capones, advirtiendo la ignorancia de la mayoría de la gente sobre la capa de los mismos y, al objeto de tener un criterio uniforme en el país gallego, envió una carta al diputado independiente del Partido Socialista Gallego (P.S.O.E.), Carlos Casares que decía:


“Mi querido amigo:

Te propongo una ponencia conjunta de todos los grupos parlamentarios para conquerir una Ley en la que se fije el procedimiento para capar los pollos, primer paso para su transformación en capones, pues nuestra preocupación no debe ser sólo por las patatas. Te cedo esta iniciativa al tiempo que aguardo que con tus dotes convenzas a tu grupo de la importancia del tema.
Creo que el problema es de gran transcendencia, en especial para los de Villalba. Yo supongo que el diputado de nuestro grupo, Jesús Gayoso, tendrá mucho que decir y muy buenas con las que aportar. Y digo que el problema es grande por el sistema de caparlos. Según tengo entendido, el procedimiento por medios químicos puede capar al consumidor. El hormonal hace adquirir características de otro sexo, y el quirúrgico cuenta con la oposición de las Sociedades Protectoras de los Animales, sistema que por otro lado, como conservadores, creemos que es, como dijo Camilo José Cela, “como debe ser”. Tú como independiente en un grupo progresista quizás puedas aportar una solución más adecuada, lo que redundaría en el beneficio de los productores, de los consumidores y de los ecologistas.

Aguardo tu benevolencia y consideración. Un abrazo, José Carlos Rodríguez”.


La respuesta del diputado independiente no se hizo esperar pues, como buen galleguista, el tema también le preocupaba. He aquí su respuesta:


“Ilustrísimo señor:

En relación con su propuesta respecto a una posible ley tendente a regular el procedimiento de castración de los capones y las sugerencias que me hace de cara al papel que el diputado que subscribe pudiera desempeñar en calidad de mediador, lamento decirle que me veo obligado a declinar su amable invitación por las razones que a continuación expongo:

Las inevitables diferencias ideológicas que enfrentarían a los distintos grupos parlamentarios en una cuestión tan delicada, aconsejan mantener el problema en su difícil situación actual antes que desencadenar una grave crisis política de consecuencias imprevisibles. Realizadas por quien suscribe discretas consultas informales verbo de la cuestión que nos preocupa, las posiciones de partido son tan radicalmente firmes e intransigentes, por tratarse de un típico caso de principios, que toda aproximación me parece, en la altura actual, absolutamente imposible. Y para que V.I. tenga una visión detallada de cuanto hasta aquí figura en este informe, paso a comentarle el resultado de las fracasadas gestiones realizadas por el diputado infrascrito.

        Don Camilo Nogueira expuso su opinión irreductible de que de ningún modo estaría dispuesto a admitir un sistema de castración que no contemplase la tradicional técnica nacional y popular denominada “de doble coio e collón no medio”, manifestando su intención de oponerse abiertamente a cualquier procedimiento de origen “español”, por incruento y sofisticado que éste fuese.
Por lo que se refiere a don Ángel Guerreiro, el diputado comunista considera inaceptable cualquier técnica que no sea la búlgara, ya que opina que se trata de un arte “humanitario, eficaz y solidario”. Consiste ésta, según sus palabras, “en el extirpado glandular por vía mesentérica mediante aplicación del preparado Kalmanichev, con posibilidades de aprovechamiento residual de los aditamentos sobrantes en forma de sopa concentrada destinada a ser enviada a los países del Tercer Mundo como fomento de la paz y la amistad entre los pueblos”.

En relación con el grupo del que V.I. forma parte, le comunico que en conversación privada habida con el señor Gayoso, me hizo saber la firme voluntad del Sr. Fraga Iribarne de oponerse a las propuestas antes citadas, siendo partidario el líder de AP de aplicar una técnica puramente española: “hostión directo al huevo, y punto”.

Le debo participar todavía más que, entre diputados independientes y de grupos minoritarios, se manifiestan igualmente actitudes divergentes y encontradas resumiendo éstas en la curiosa posición del diputado don Maximino Pérez Hortas que mantuvo la extraña pero respetable opinión de negar su voto a toda propuesta encaminada a privar a los capones de lo que él asegura es “su bocado más delicado y exquisito”.

Espero, mi querido y admirado amigo, que sepa comprender mi escepticismo y mi negativa a asumir cualquier tipo de iniciativa en el tema que nos ocupa.

Atentamente, Carlos Casares.

 

P.D.- En relación al Grupo del que formo parte, en calidad de diputado independiente, le debo decir que se están esperando órdenes de la Moncloa, donde se estudia el tema. Confidencialmente, le adelanto ya que el Sr. Boyer es partidario de grabar la castración con dos pesetas para los capones híbridos y diez para los tri-híbridos, mientras que Alfonso Guerra pretende hacer un pacto con Jorge Verstringe a razón de un reparto de técnicas por huevo”.


Como es lógico, al no conseguir la aceptación de la mayoría de los grupos, la propuesta no fue arriba y hubo que conformarse con agradecer a los dos diputados tanto su iniciativa como su esfuerzo para averiguar las posibles posturas ante el tema. Quizás hoy, cuando los capones de Villalba están a punto de ser puestos sobre el mantel para conmemorar la Navidad, se acuerden de su fracasado intento y se den cuenta de que no es fácil implantar otro procedimiento que no sea el tradicional,  que cuenta con la garantía de cientos de años de experiencia y de productos de reconocido valor culinario. Quizás en esto resida el éxito del capón villalbés: proceso manual en la crianza y en la preparación.

Todo un arte digno de ser admirado por los amantes del sentido del gusto y de la estética delante de una buena mesa bien servida.

        ¡Buen provecho y mejores fiestas!.

 

 

FERIA 2010

  • PC190701.jpg - Por: carlos